sábado, 27 de enero de 2007

Great Expectations

Hace diez malditos años, sentada en el piso de mi habitación, hacía un ejercicio de imaginación. Pensaba, tomaba notas, dibujaba, que sería de mí en diez años. Siempre quise tener más edad de la que tenía; siempre me pareció que la gente más grande que yo la pasaba mejor. Y a medida que fui conquistando esas edades, me fui dando cuenta que la gente es muy mentirosa, y que vivo mi vida en borrador, esperando que se de EL momento, EL hecho que cambie mi vida y haga que me sienta satisfecha conmigo, para siempre.
Pero no.
Nunca jamás he estado satisfecha conmigo misma, y sospecho que nunca jamás lo estaré.
Hace diez años soñaba que yo era una mujer joven, una mujer hermosa y fuerte. Que era saludable, delgada, que tenía un cuerpo cuidado y activo; hace diez años me veía de trajecitos de colores vivos, de pelo largo y prolijamente recogido, de tacos altos y bien maquillada; hace diez años soñaba que yo viviría en una casa cómoda y luminosa, bien arreglada, que probablemente estaría ubicada en un barrio cerrado (aunque en ese momento no sabía lo que era un barrio cerrado, seamos honestos) en algún lugar de Capital Federal. Soñaba que tenía un buen marido, de esos que salen temprano luego de desayunar con la familia, vestiditos de traje y prolijamente afeitados y peinados; de esos que se despiden con un beso y una no los ve hasta la noche, cuando llegan hermosos y cansados y se sientan al sillón a ver un poco de tele y conversar y charlotear con los niños, para cenar en familia e irse a dormir, con el requisito previo de hacer apasionadamente el amor. Hace diez años yo pensaba que era totalmente natural que yo tuviera más de un trabajo, no por falta de dinero sinó por exceso de energía; soñaba que de mañana daba clases y de tarde hacía un programa de radio. Hace diez años mi familia venía a almorzar a mi casa los domingos, mis hijos (pequeños ellos) correteaban por el inmenso prado con el perro y sus primos, mis hermanos estaban o recibidos o estudiando sus últimos años, y mis padres, orgullosos y disfrutando su incipiente vejez, se llevaban genialmente con mis suegros.
Para más decir, mi marido era morocho, alto y esbelto...
Diez años después soy un manojo de nervios desilusionados. Diez años después estoy desempleada, sin haberme recibido, con un novio rubio y agotado que trabaja de sol a sol en Garbarino por dos mangos con cincuenta; diez años después mi padre casi no me habla, he engordado, vivo en un departamento de una habitación y tengo un gato que todo lo mea. Diez años después mis pesadillas son tener hijos, y mi sueño de casarme se está convirtiendo en un grave problema de estado, porque mi padre no puede ni ver a mi novio, y mi madre se hace la boluda pero tampoco lo quiere. Diez años después me avergüenzo de mí misma, no me alcanza la plata para comer, y me da bronca sentirme amada y amar y tener que estar escondiendo lo que siento porque ni él es lo que esperábamos ni yo soy la que soñaba. Diez años después sigo en este pueblo de mierda y no me voy a ir más, mi hermano trabaja como un pelotudo y largó los estudios y mi hermana está estudiando pero con orden de ver a un psiquiatra a primera hora. Diez años después no tengo auto, ni cuerpo hermoso, ni niños adorables, ni casa con patio, ni perro ni dos trabajos ni marido morocho con traje y maletin.
Una mierda.

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